
1.- Ropa negra: Lista
2.- Camiseta con el logo de alguna banda pesada: Lista
3.- Botas militares/industriales: Listas
4.- Pelo Largo: Listo
5.- Cuello entrenado en el complicado arte del Headbanging: Listo
6.- Brazaletes y cinturón de picos y estoperoles: Listos
Así más o menos debe de lucir la lista de preparativos para todo fanático del metal momentos antes de salir de su casa para asistir al concierto de alguna de sus bandas predilectas. Debo confesar que nunca he sido un gran seguidor de dicha corriente. Me gustan muy pocas cosas y creo que me cuesta un poco de trabajo entenderlo al 100%
Por ésta razón decidí ir en compañía de un amigo que es todo un conocedor en la materia. No podía darme el lujo de ir con cualquier amateur (le dicen “el Killer”, asi que imaginense). Necesitaba a alguien que me orientara y despejara mis dudas cuando las hubiere.
“¿Oye, quieres ir conmigo a ver a Arch Enemy?” le pregunte un par de días antes. “Mmmhh…pues no es de mis bandas favoritas, su guitarrista es muy bueno, la vocalista está hermosa. Pero son algo blandos. Pero si, es una buena banda como para que te inicies, vamos”, me dijo creyendo que por fin había decidido unirme a las legiones metaleras.
El Domingo 24 de Agosto nos dirigimos al Circo Volador, un otrora cine abandonado que desde hace muchos años fue rescatado del deterioro y ahora funge como uno de los recintos alternativos más importantes de la ciudad. Bandas underground de todo el orbe lo conocen y es el lugar ideal para ver actos Punk, Ska, Goth, Surf o Metal como ya mencioné. Una masa negra se veía a lo lejos, eran los fieles fanáticos esperando impacientes la hora de acceso al local. Mi compañero me dijo con tono burlón : “¿Qué, tienes miedo?, preparate por que ahora SI vas a sentir el PODER…”
A las 8 empezó a tocar una banda mexicana, Muluc Pax, que se caracterizan por añadir instrumentos prehispánicos a sus rudas composiciones. Una combinación muy interesante que el público recibió de muy buena forma. Cabe mencionar que los integrantes eran muy jóvenes, ninguno pasaría de los 25 años, les auguro una buena carrera en el circuito.

Con gran puntualidad, a las 9 se apagaron las luces y todo el mundo rugió emocionado, el escenario se bañó en luz roja y uno a uno tomaron sus instrumentos los integrantes de Arch Enemy.
Creo que lo más llamativo para mi fue ver como los fans viven éstos conciertos. Hay mucha agresividad y un aparente caos, pero en realidad son una tribu urbana muy unida en la que se nota la hermandad. Al centro, frente al escenario se formó un torbellino humano. Era imposible ver bien que ocurría ahí. Puños, largas cabelleras alborotadas, calzado industrial, todo revuelto en una vorágine mejor conocida como moshpit. En lo particular encontraba sumamente divertido ver como volaban personas por encima de la valla que divide a la turba del escenario. La gente de seguridad (porque eso sí, son eventos bien organizados) apenas podía hacer algo para evitar que los cuerpos aterrizaran tan violentamente. Lo mejor de todo era que los crowd-surfers se levantaban en seguida, victoriosos, celebrando el golpe que se habían llevado y con una sonrisa de oreja a oreja regresaban al tornado a repetir el proceso.

Los movimientos de la gente te van arrastrando, casi como si te succionaran. “¿Me detienes mi celular?” me dijo mi amigo con toda la traquildad del mundo, “Voy a meterme a los guamazos” y sin dudarlo se integró al moshpit a repartir empujones y codazos a diestra y siniestra.
Según me informaron, Arch Enemy ofreció un set único, tocando temas clásicos de sus primeros discos (el primero data de 1996) lo cual complació a los fans más experimentados. Algunos de los integrantes han pasado por otras bandas y son unos maestros en su género. Lo más distintivo de ésta agrupación es que es una de las pocas bandas de Death Metal cuyo vocalista es mujer. Jamás imagine que una voz tan cavernosa y demoniaca pudiese salir de una chica como la alemana Angela Gossow.

Por más de hora y media, los finlandeses apabullaron a un público hambriento que no se cansó de recibir los embates de las poderosas guitarras de los hermanos Amott. El Circo Volador se cimbró con la poderosa batería de una banda que ha sabido ganarse un lugar especial en los gustos de la comunidad metalera mexicana.
Fue una experiencia liberadora, catártica, donde en un estallido de violencia musical puedes sacar toda tu energía. Definitivamente son conciertos para los que gustan de emociones fuertes y, como todos sabemos, las experiencias extremas generan endorfinas a los que te puedes volver adicto. Lo repito, nunca he sabido apreciar éste tipo de música en su totalidad, pero esa noche me parece que entendí mejor a los fieles seguidores.
Salimos del lugar cansados y satisfechos. “El Killer” me dijo : WOW estuvo buenisimo! cambió mi percepción de la banda!. El veredicto unánime, el recital fue un éxito rotundo (y viví para contarlo jejeje)
Al llegar a mi casa hice mi propia lista:
1.- Ropa que desentonaba un poco con el resto de la concurrencia: Lista
2.- Un amigo loco que gritaba cosas en alemán: Listo
3.- Agotamiento físico: Listo
4.- Un zumbido en los oídos que me duró hasta el día siguiente: Listo
5.- Mi primer (y quizá no último) concierto de metal: Listo
